Foto: PNUD Bangladesh

Por Mandeep Dhaliwal, Directora del Grupo de VIH, Salud y Desarrollo del PNUD, y Laurel Patterson, Jefa de Integración de los ODS del PNUD

 

A medida que la variante Delta, altamente transmisible, desencadena nuevas infecciones por COVID-19 y restricciones en todo el mundo, las amenazas sociales y económicas de la pandemia se ciernen cada vez más sobre los países de ingreso bajo y mediano. En Malasia, las familias de bajos ingresos izan banderas blancas fuera de sus hogares para señalar la necesidad de alimentos y otros productos básicos, mientras permanecen sin trabajo debido al el cuarto confinamiento nacional. Entretanto, las vacunas necesarias para proteger a las poblaciones vulnerables siguen concentradas en manos de las naciones más ricas del mundo, lo que agrava la pérdida de vidas y las desigualdades y dejará a estas familias libradas a los efectos de la pandemia durante años.

 

Las cifras son impactantes: los países de ingreso bajo solo han podido vacunar al 1,32% de su población, frente al 50,15% de los países de ingreso alto. Como muestra del nivel extremo de desigualdad, cabe destacar que mientras en los países de ingreso bajo miles de millones de personas están a la espera de la primera dosis, en los países de ingreso alto se analizan planes para desarrollar y aplicar 800 millones de dosis de refuerzo.  

 

Para hacer frente a esta injusticia, debemos comprender el reto que implica la accesibilidad de la vacuna contra la COVID-19, así como las repercusiones multidimensionales de la desigualdad en el acceso a las vacunas, y actuar en consecuencia.
 

El Tablero Mundial sobre la Equidad en materia de Vacunas contra la COVID-19, una iniciativa conjunta del PNUD, la OMS y la Universidad de Oxford, expone el complejo problema de la desigualdad en el acceso a las vacunas utilizando los últimos datos multidimensionales sobre el despliegue de las vacunas. Sus conclusiones ponen de manifiesto la necesidad de aplicar un enfoque colaborativo e interdisciplinario para abordar el desafío, empoderando a las partes interesadas y los encargados de la formulación de políticas a fin de que adopten medidas con base empírica que impulsen una recuperación mundial sostenible de la pandemia, que ya se ha cobrado más de cuatro millones de vidas.
 

Mientras que los países de ingreso alto solo tienen que aumentar su gasto en atención sanitaria en aproximadamente un 0,8% para vacunar al 70% de su población, los países de bajo ingreso deberán aumentarlo en un 57% para alcanzar el mismo nivel de protección, lo que podría dar lugar a un incremento de los niveles de endeudamiento público. Se estima que las deudas de Argelia y Mozambique aumentarán 567 millones y 314 millones de dólares de los Estados Unidos, respectivamente.
 

Sin apoyo urgente, los países de ingreso bajo seguirán enfrentando los efectos económicos de la COVID-19 durante esta década decisiva. Estos efectos incluyen una disminución significativa de los ingresos de los 2.000 millones de personas que integran la fuerza de trabajo informal, en la que muchas personas, de las cuales la mayoría son mujeres, viven en países de ingreso bajo. En 2020, los trabajadores informales experimentaron una disminución del 60% de sus ingresos. Para muchas personas en países de ingreso bajo y mediano, las oportunidades de empleo siguen siendo limitadas, restringidas por las bajas tasas de vacunación, que llevan a la adopción de medidas de confinamiento. En combinación con las bajas tasas de protección social, los grupos vulnerables seguirán cargando con el peso de las consecuencias económicas de la COVID-19.
 

Impulsados por los exhaustivos datos del Tablero como herramienta de promoción y políticas basada en datos empíricos, debemos actuar ahora para fomentar rápidamente el acceso a las vacunas contra la COVID-19, a fin de cumplir el objetivo de vacunar al 70% de la población de todos los países en el primera mitad de 2022. COVAX ha avanzado en la entrega de dosis de vacunas a los países más necesitados, pero requiere la acción colectiva para alcanzar su objetivo de entregar 1.800 millones de dosis a 92 países de ingreso bajo para principios de 2022. Los fabricantes deberían complementar estos esfuerzos intercambiando conocimientos y tecnología para acelerar y ampliar la producción de vacunas en países de ingreso bajo y mediano, y reducir al mismo tiempo el costo de las vacunas.
 

Una recuperación más justa, más rápida y sostenible de la COVID-19 está a nuestro alcance. Los conocimientos aportados por el Tablero Mundial sobre la Equidad en materia de Vacunas contra la COVID-19 constituyen una base empírica para actuar y proteger las vidas y los medios de subsistencia de millones de personas.

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