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La tecnología digital será el motor principal del cambio en este siglo, propiciando la reconfiguración de economías, gobiernos y la sociedad civil, e incidiendo en todos los aspectos de nuestro trabajo, a veces de manera inesperada.

Con ello en mente, en 2019 el PNUD puso en marcha a nivel de toda la organización su primera estrategia digital. No alcanzamos a imaginar entonces cuán profética sería esa iniciativa. En 2020, sin embargo, la pandemia de COVID-19 exigió que hiciéramos un cambio radical en la manera como trabajamos y apoyamos a nuestros socios en el desarrollo. La estrategia digital se convirtió en nuestra hoja de ruta.

Desde el inicio de la pandemia, el PNUD ha venido trabajando con más de 60 gobiernos asociados en la implementación de tecnologías fundamentales, entre ellas servicios de videoconferencia y equipos informáticos, mientras trasladaban servicios esenciales a la red. Fuimos testigos de más de 250 respuestas simultáneas con capacidad digital contra la COVID-19 a lo largo y ancho de la red mundial de oficinas del PNUD. Por ejemplo, la oficina del PNUD en Mongolia desarrolló un sistema digital de gestión de casos para que los trabajadores sociales pudieran ayudar más eficientemente a personas marginadas y a personas con discapacidades, cuyas vidas y medios de vida se vieron afectados por la COVID19. En Filipinas, el PNUD ayudó a cuatro ministerios a integrar sus sistemas de datos, mejorando su respuesta general a la pandemia. La Oficina del PNUD en Uganda unió fuerzas con Jumia, una empresa africana de comercio electrónico, a efectos de ayudar a vendedores del mercado informal —en especial a mujeres, jóvenes o personas con discapacidades— a identificar nuevos clientes en línea. Esta es apenas una pequeña muestra del tipo de respuestas de las que fuimos testigos; la lista completa figura aquí.

Al mismo tiempo, el propio PNUD estaba pasando por una rápida transformación, valiéndose de la tecnología digital para mejorar sus procesos y flujos de trabajo internos. Es la primera organización del sistema de las Naciones Unidas en adoptar un enfoque "digital por defecto" para integrar elementos digitales en toda su programación a nivel de país y de la Sede. Miles de funcionarios han participado en cursos sobre sensibilización digital. Pusimos en marcha varias iniciativas digitales insignia y proyectos de ágil ejecución para destacar y acelerar iniciativas digitales internas con capacidad transformadora; tres de ellas se han completado, en tanto que otras seis siguen en marcha. Una de esas plataformas, SparkBlue, ha puesto herramientas digitales de planificación y colaboración de punta en manos de más de 5.000 usuarios en 143 lugares diferentes.

El PNUD también está invirtiendo en su propia capacidad de recabar datos en apoyo de los objetivos de desarrollo. En respuesta a la crisis de la COVID-19, lanzamos una nueva Plataforma de Acceso a Datos sobre la COVID-19 que reúne información de todo el sistema de las Naciones Unidas, así como de socios sin ánimo de lucro, del mundo académico, de socios del desarrollo y países del mundo entero, y pone a disposición herramientas y análisis que permiten conceptualizar los diferentes retos del desarrollo. Aunque el lanzamiento de la plataforma fue una respuesta específica a la pandemia, en la actualidad se está ampliando para abarcar todos los ámbitos de nuestro trabajo. Adicionalmente, creamos y aprobamos una estrategia digital institucional y pusimos en marcha una arquitectura digital integrada y de vanguardia.

En plena aceleración digital ocasionada por la pandemia de COVID-19 han surgido varios conceptos fundamentales que nos ayudarán a trazar el rumbo de nuestra travesía digital.

En primer lugar, es evidente que la necesidad de reducir la brecha digital es cada vez más apremiante. Ahora que la pandemia de COVID-19 ha hecho forzosos el trabajo, la educación y los juegos en línea, quienes permanezcan excluidos corren el riesgo de seguir rezagándose. Debemos trascender el simple conteo de conexiones a la red en aras de una conceptualización más amplia de lo que es la "utilización provechosa". Ello significa garantizar que los servicios digitales sean asequibles, accesibles y pertinentes para todos, y que las personas tengan las destrezas necesarias para hacer uso de ellos.

La segunda observación, relacionada con la anterior, es que debemos asegurarnos de ser deliberadamente inclusivos en nuestro uso de la tecnología digital. El rápido paso a los servicios en línea encierra el potencial de agudizar las desigualdades existentes si el diseño apropiado no se enfoca en el usuario, incluidas las personas en comunidades marginadas. Como organización de desarrollo humano, el PNUD tiene la responsabilidad de garantizar que ello ocurra.

Por último, la transformación digital ha dado lugar a una serie de riesgos cada vez más apremiantes, tales como la desinformación, la ciberseguridad y la erosión de la privacidad. Las sociedades que están haciendo una rápida transición para adoptar la tecnología digital deben no sólo ser conscientes de esos riesgos, sino también tener acceso a apoyo para mitigarlos. Ante todo, es de fundamental importancia que las herramientas digitales no sean vistas como una panacea para resolver problemas arraigados que aquejan al mundo. Más bien, debemos adoptar una perspectiva clara de lo que la tecnología digital puede hacer y de los peligros que hemos de eludir.

La lista de retos digitales apremiantes va en aumento. Somos testigos de la creciente demanda de nuestros socios gubernamentales para abordar esos desafíos y aprovechar al máximo el potencial de las tecnologías digitales. Hoy es más claro que nunca que la tecnología digital se ha convertido en un elemento medular del paradigma del desarrollo. El PNUD debe seguir trabajando en aras de su propia transformación digital y continuar apoyando a nuestros socios en la construcción de sociedades digitales inclusivas y éticas. En mi opinión, no se trata de una alternativa; es una imperiosa necesidad.

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