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Ahora que la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing se aproxima a su vigésimo quinto aniversario, todo el trabajo que aún queda por hacer se hace evidente, a pesar de los esfuerzos emprendidos a nivel internacional a lo largo del último cuarto de siglo para promover la igualdad de género.

El progreso es obstaculizado por el recrudecimiento de la violencia contra la mujer durante la COVID-19, la mayor carga que han asumido las mujeres en materia de prestación de cuidados, o la amplificación de la reacción patriarcal en las políticas públicas y la intensificación de la misoginia a nivel de política y de las redes sociales. Esos indicios son producto de medidas adoptadas, en su mayoría, por hombres o instituciones encabezadas por hombres, y por élites políticas, económicas y sociales en las que los hombres predominan. La pregunta sigue siendo qué están haciendo los hombres para desafiar y cambiar esta situación. 

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, donde se redactó la Declaración de Beijing en 1995, concluyó que los hombres pueden y deben ser parte de la solución a la desigualdad de género.. Desde entonces hemos sido testigos de un enorme crecimiento en programas de igualdad de género emprendidos con hombres y niños en toda una gama de ámbitos, entre ellos la prevención de la violencia de género, la promoción de la salud y los derechos sexuales y reproductivos, y la distribución de responsabilidades del trabajo en materia de prestación de cuidados. Es cada vez más evidente que trabajar con hombres y niños puede obrar en beneficio de una agenda feminista más amplia y del empoderamiento de las mujeres y las niñas. Sin embargo, los acontecimientos del último año demuestran que hay trabajo por hacer y que quizá debemos replantearnos cómo llevar a cabo esa labor. Ese replanteamiento incluye analizar si el trabajo que hemos venido realizando con los hombres se ha centrado excesivamente en un cambio de comportamiento y no en un cambio estructural, así como tomar en consideración las críticas formuladas por coaliciones feministas en cuanto a la falta de rendición de cuentas en ese trabajo y su falta de conexión con las luchas políticas en curso en defensa de los derechos de la mujer. También debemos medir mejor las contribuciones de ese trabajo a la agenda feminista.

En respuesta a ello, a finales del año pasado el Equipo de Género del PNUD lanzó la iniciativa Targeting Men, Transforming Masculinities (TMx2) (Enfocarse en los hombres para transformar las masculinidades). La iniciativa esboza un marco conceptual para la planificación y el diseño de programas que hace hincapié en la necesidad de trabajar con los hombres para encontrar alternativas a las expresiones de poder patriarcal, no sólo a nivel individual sino también a nivel institucional e ideológico. El enfoque TMx2 se ha compartido ampliamente con el personal y los socios del PNUD a través de una serie de seminarios virtuales que se centran en la reforma del sector de la seguridad y la prevención de la violencia de género, respectivamente. Asimismo, se seleccionaron oficinas del PNUD en siete países, que recibieron asesoría técnica adaptada a sus necesidades utilizando el marcoTMx2 para su respectiva programación de género como parte del apoyo brindado por el PNUD a las respuestas nacionales a la COVID-19. 

En Jordania, TMx2 ayudó a perfeccionar los mensajes de una campaña en las redes sociales que busca aumentar la participación de los hombres en las tareas domésticas durante los confinamientos. La campaña se basó en la metodología de cambio de comportamiento mediante un ‘pequeño empujón’ que está siendo puesta a prueba por el  Laboratorio de Aceleración del PNUD. Esta metodología  influye en el cambio de comportamiento mediante pequeños cambios en el entorno que llevan a las personas a adoptar el comportamiento deseado. La campaña, realizada entre finales de diciembre y enero, fue una respuesta al aumento observado en discusiones en línea y en el contenido de medios de comunicación sobre el papel más preponderante de los hombres en la realización de tareas domésticas y responsabilidades de prestación de cuidados. Con el ánimo de probar si eso era algo que podría mantenerse después del período de confinamiento, el Laboratorio de Aceleración trabajó con Nudge Lebanon en una campaña en Twitter denominada"Nuestro hogar, nuestra responsabilidad". TMx2 brindó asesoría técnica acerca de la importancia de enfocarse en la pareja y no solo en los hombres, a efectos de que la campaña pudiera abordar la dinámica subyacente de la relación y las normas de género que imponen las tareas domésticas como trabajo propio de las mujeres. 

En Costa de Marfil y Zambia, donde el PNUD se ha enfocado en la lucha contra la violencia de género, la asesoría técnica de TMx2 puso de relieve la necesidad de trabajar con los hombres no solo como miembros de la familia y de la comunidad, sino también como agentes que velan por el cumplimiento de la ley y funcionarios del gobierno local. Este énfasis en el cambio institucional fue también un factor medular del apoyo de TMx2 al equipo de país de las Naciones Unidas en Venezuela, que buscaba reforzar su conocimiento sobre los vínculos que existen entre las ideas patriarcales sobre la masculinidad y sus prácticas ("masculinidades patriarcales") y las muchas modalidades de violencia perpetrada no sólo por hombres de manera individual, sino también por algunos interlocutores institucionales. Como un primer paso en esa dirección, el equipo de las Naciones Unidas en el país está haciendo un inventario de organizaciones de la sociedad civil que participan en ese tipo de programación, a efectos de crear una base de datos. El cambio institucional también se abordó en el seminario virtual de TMx2 sobre la reforma del sector de la seguridad, que destacó tres componentes interrelacionados para la reforma: desarrollo de políticas, capacitación en materia de género e iniciativas específicas para cambiar las prácticas patriarcales en instituciones del sector de la seguridad. Asimismo, es preciso disponer de liderazgo y mecanismos adecuados para poner fin a la impunidad que suele caracterizar a la violencia patriarcal perpetrada por personal del sector de la seguridad. 

Otro componente medular del enfoque de TMx2 es el análisis de las vulnerabilidades a la violencia, del abuso y de la mala salud en la vida de diferentes hombres, producto de normas de masculinidad. Responder a esas vulnerabilidades masculinas es una manera de atraer y afianzar el apoyo de los hombres a iniciativas más amplias de transformación de género. Este componente constituyó la base de nuestro apoyo en Tailandia, donde la oficina en el país utilizó los insumos de TMx2 para orientar su labor con la Administración Penitenciaria en la revisión de los procedimientos operativos estándar aplicables a presos transexuales, para apuntar mejor a las transmasculinidades y transfeminidades. También se ha trabajado con el Ministerio de Salud Pública en la integración de una perspectiva de masculinidades en el módulo de capacitación sobre salud mental que imparte a voluntarios en salud comunitaria. En Tailandia, al igual que en otros lugares, las investigaciones demuestran que los hombres suelen mostrarse reacios a buscar apoyo cuando de salud mental se trata; la pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de aumentar el acceso de los hombres a los servicios de salud mental y su utilización.

En Costa Rica, el enfoque TMx2 se centró en "poner la casa en orden". A raíz de que varios miembros del personal destacaron la necesidad de abordar el sexismo, la homofobia y la transfobia en el seno mismo de la cultura institucional del PNUD, la orientación técnica sirvió para ayudar al personal a diseñar y organizar dos talleres de "diagnóstico". Los talleres propiciaron un espacio para reflexionar y conversar internamente sobre el efecto nocivo de la masculinidad patriarcal en miembros femeninos y LGBTIQ+ del personal, así como sobre las diferentes maneras en que esas normas pueden también perjudicar la vida de hombres cisgénero y heterosexuales. 

El tercer y último componente del enfoque TMx2 consiste en entender las repercusiones de otras desigualdades, como aquellas relativas a raza y origen étnico, situación económica, ciudadanía y edad, para enumerar algunas, tanto en las masculinidades patriarcales como en las vulnerabilidades masculinas. Teniendo en cuenta este énfasis en las desigualdades interseccionales, la oficina de país en Ucrania está llevando a cabo campañas de educación sanitaria relacionadas con la COVID-19 para abordar la conclusiones de su reciente investigación sobre la susceptibilidad de los hombres jóvenes a la desinformación en línea sobre la COVID-19, y para entender mejor la influencia de la formación, la situación profesional y la ubicación regional, urbana y ruralen esa susceptibilidad. Están buscando formas de establecer un contacto con hombres jóvenes, dentro o fuera de  Internet, para contrarrestar esa desinformación y fomentar redes de apoyo fiables entre pares. 

Hace un año, la activista y escritora india Arundhati Roy nos recordó que "las pandemias han obligado a los seres humanos a romper con el pasado y reimaginar su mundo ", y nos instó a tratar la COVID-19 como "un portal, una pasarela de acceso entre un mundo y otro". Para que esta pandemia sea un portal hacia la justicia de género, un mundo sin desigualdades o violencia patriarcal, debemos seguir apuntando a los hombres y transformando las masculinidades. El PNUD está bien posicionado para hacerlo, en el terreno y a nivel de política mundial. 

 

 

 

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