Soumaila Kamaian mantiene la estación solar en el pueblo de Soufouroulaye, en la región centro-sur de Mopti de Mali, en febrero de 2020. En Mali el PNUD, UNICEF, PMA, OMS y la Universidad de Sherbrooke, fortalecen el Sistema Maliano de Salud a través del acceso a la energía solar y digital. Soluciones de salud en los centros de salud comunitarios. Aprovechar estos recursos permitirá soluciones energéticas que ayudan a crear empleos a través de la agricultura climática inteligente.

Un tema tratado de manera recurrente en los Diálogos para el Desarrollo es el de la necesidad de aprovechar las oportunidades que ofrece la pandemia de COVID-19 para “reconstruir mejor”. En el ámbito de la energía existe un consenso cada vez mayor sobre la necesidad de ampliar el acceso a energías limpias y sostenibles, y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Lo cual representa una buena noticia, especialmente para los más de 750 millones de personas en todo el mundo que carecen de electricidad, de las cuales aproximadamente la mitad se encuentran en países afectados por conflictos. El acceso a la energía es un factor clave en los procesos de construcción de la paz; sin embargo, la mayor parte de la población de las zonas en conflicto sólo disfruta de suministro eléctrico de manera intermitente, cuando no carece completamente de él. Son poblaciones que, en medio de la situación de conflicto e incertidumbre en que se encuentran, necesitan energía asequible, ambientalmente sostenible, y resiliente.

Ante la celebración del Día Internacional de la Madre Tierra 2021, queremos poner de manifiesto que en estos momentos resulta más urgente —y posible— que nunca expandir el acceso a la energía en los contextos de crisis. Aunque se pueden observar ciertos avances, estos quedan en gran parte oscurecidos por el crecimiento demográfico y las dificultades para acompasar el acceso a la energía con el aumento poblacional. La COVID-19 ha desencadenado una conmoción económica sin precedentes que ha exacerbado las vulnerabilidades ya existentes. Pero, al mismo tiempo, la pandemia nos ofrece la oportunidad de dar un gran paso adelante en la expansión de energías limpias y asequibles que dinamicen la recuperación económica y refuercen la estabilidad. 

Las significativas reducciones en los costos  y la mejora en la calidad de las tecnologías de energía renovable distribuida, como las minirredes solares y otras soluciones descentralizadas, han generado una convergencia entre lo que es bueno para el clima, lo que se necesita para impulsar el crecimiento económico en los contextos de crisis, y lo que es factible desde el punto de vista tecnológico.  

Fueron los costos prohibitivos del diésel lo que llevaron a la emprendedora Iman Hadi a instalar una central solar para prestar servicio a los residentes de Abss, Yemen, y suministrarles energía limpia y asequible. Iman es la cabeza visible de un grupo de diez personas que operan de manera autónoma la única microrred de Yemen gestionada solo por mujeres. Con el apoyo del PNUD y la Unión Europea, el objetivo de Iman es ampliar este servicio basado en la energía solar a 3.600 hogares, posibilitando así un aumento de sus ingresos y la mejora de su calidad de vida.  

La historia de Iman es reseñable, pero no es infrecuente. Muchos estados afectados por las crisis cuentan con importantes recursos energéticos que no se explotan adecuadamente. La radiación solar diaria media que recibe la región del Sahel duplica a la de Europa y ofrece grandes oportunidades para los 140 millones de habitantes rurales que todavía no tienen acceso a electricidad. El PNUD trabaja con sus socios para reforzar sus intervenciones en proyectos dirigidos a expandir el acceso a energía limpia para usos productivos y servicios básicos.

En Malí, el PNUD, UNICEF, el PMA, la OMS y la Universidad de Sherbrooke están desarrollando una iniciativa para fortalecer el sistema sanitario del país a través del acceso a energía solar y la implantación de soluciones digitales en los centros de salud a nivel local. El aprovechamiento adecuado de estos recursos permitiría también crear soluciones energéticas que contribuyan a la creación de empleos mediante la implementación de una agricultura adaptada al cambio climático. Sin embargo, la inversión en soluciones descentralizadas, independientes de la red convencional, en los países con grandes diferencias en el acceso a la energía sigue siendo terriblemente escasa y asciende solo al 1,1% del total de los compromisos de financiamiento en el sector eléctrico (US$ 460 millones en 2018).

Es por esto que, el 24 de febrero de 2021, el Grupo del G7+ y el Consejo del IGC sobre la Fragilidad de los Estados lanzaron un llamamiento  para impulsar las inversiones energéticas en los estados frágiles. Entre los firmantes de este llamamiento hay líderes políticos (jefes de estado y de gobierno actuales y anteriores) y organizaciones internacionales, entre las que se incluyen los organismos de la ONU como el PNUD y UNESCAP, agencias multilaterales de desarrollo, empresas, y centros de estudios y análisis. Al reconocer los problemas de acceso a una energía sostenible y el potencial de recursos renovables desaprovechados, esta iniciativa hace una llamada urgente a la colaboración entre las organizaciones de ayuda, los gobiernos, las empresas, y las instituciones de financiamiento del desarrollo con la finalidad de erradicar la pobreza energética en los países afectados por los conflictos y, de esta manera, cumplir las aspiraciones del ODS 7 de la Agenda 2030.

Adoptando una perspectiva a largo plazo del escenario energético tras la recuperación, la iniciativa Partners for Inclusive Green Economies, en la que participa el PNUD, ha publicado una lista de opciones prioritarias  para una recuperación justa, verde, y transformadora. El documento en el que se recogen estas opciones incluye una exhortación a los gobiernos para que desarrollen y utilicen activamente sus planes nacionales para una recuperación verde, reconozcan el valor de la naturaleza en la reducción de los riesgos, y refuercen y amplíen los mecanismos de protección social inclusivos.

El documento abre con las preguntas “¿Cómo llegamos hasta este punto?”, “¿Por qué somos tan vulnerables?” y “¿Cómo podemos recuperarnos?”.

Para las personas que viven actualmente, en contextos de crisis sin acceso a fuentes de energía limpia, segura y asequible, estas son las preguntas que requieren una respuesta urgente. Obtener unas respuestas adecuadas ahora servirá para ayudar a extender los resultados de desarrollo mucho más allá del tiempo que dure la pandemia.

 

 

Icon of SDG 15

PNUD En el mundo