El año pasado puso de relieve otro papel fundamental que desempeñan los bosques en el sistema natural de control y equilibrio de la Tierra: Uno de cada tres brotes de enfermedades nuevas y emergentes está relacionado con la deforestación y otros cambios en el uso de la tierra. Foto: PNUD Armenia/Grant Sahakyan

 

Los bosques son una solución natural fundamental para el clima, esenciales para abordar la emergencia climática. El argumento central para REDD+, y la razón de ser del Programa ONU-REDD, es que si se detiene la deforestación y se restauran los bosques degradados, estos pueden contribuir a alrededor de una tercera parte de la reducción de carbono necesaria para evitar los efectos más graves del cambio climático.

El año pasado puso claramente de manifiesto otro de los papeles vitales que desempeñan los bosques en el sistema natural de control y equilibrio de la Tierra: una de cada tres erupciones de enfermedades nuevas e incipientes se relaciona con la deforestación y otros cambios en el uso del suelo. Los bosques del mundo actúan como escudos que protegen a los seres humanos contra nuevas enfermedades, como la COVID-19. Al estar aprendiendo ahora de primera mano, el costo de reducir la deforestación para prevenir la propagación de patógenos nuevos es sustancialmente menor que los costos económicos y de mortalidad que conllevan una crisis.

Una parte sin precedentes de la población mundial ha experimentado algún grado de confinamiento durante el último año, lo que resultó en una conmoción social y económica masiva en todo el mundo, exacerbó las desigualdades imperantes y dejó al descubierto las vulnerabilidades en los sistemas sociales, políticos, económicos y naturales. Cuando las redes de seguridad social establecidas no son suficientes para compensar la pérdida de ingresos en el trabajo informal, los bosques y ecosistemas son recursos inmediatos para los medios de vida, algo que acrecienta la presión sobre estos y las personas que dependen de ellos.

Pese a las dificultades y las pérdidas del año pasado, existen motivos para albergar la esperanza de que las sociedades emergerán en 2021 con un cambio de actitudes acerca del mundo natural, siempre comprometidos con nuestro rol colectivo como custodios del planeta.

El Voto popular sobre el clima, la mayor encuesta mundial de opinión pública sobre el cambio climático, publicada en enero de 2021, reveló que la conservación de los bosques y los suelos es la respuesta política más popular para el cambio climático. Dicha preferencia es más marcada en países con altas emisiones derivadas de la deforestación y el cambio en los usos del suelo, lo que indica que la ciudadanía está lista para apoyar políticas decididas orientadas a conservar y restaurar los paisajes forestales.

Esto es alentador, luego de un año en el que pudo observarse el pleno compromiso del programa piloto sobre pagos basados en resultados del Fondo Verde para el Clima con el que se retribuyó de manera acumulativa a ocho países de vanguardia de REDD+ con US$500 millones por haber evitado emisiones equivalentes a 102,6 MtCO2 del uso de los bosques y los suelos. Esto marca un importante hito en la viabilidad de REDD+, pues brinda una prueba fundamental del concepto para REDD+ en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y una señal de incentivo esencial para los países de REDD+ y los mercados de financiamiento para el clima por igual.

El desembolso de pagos basados en resultados también es oportuno, si se considera que una importante parte de estos pagos aprobados están comprometidos para apoyar el pago de servicios de los ecosistemas y las iniciativas forestales sociales que contribuyen a medios de vida locales mejorados a través de la conservación y el uso sostenible de los suelos. Estos programas cumplen una importante función al asistir a los pueblos indígenas y las comunidades locales que de otro modo pueden quedar atrás conforme los países reconstruyen sus economías después de la COVID-19, y al apoyar en simultáneo una mayor conservación de los bosques para avanzar en la reducción de las emisiones.

La disminución de las emisiones y el potencial de absorción de carbono de los bosques son esenciales para cumplir el Acuerdo de París. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la reducción de la deforestación se considera “una de las opciones más efectivas y sólidas para mitigar el cambio climático, con grandes beneficios de mitigación en todo el mundo” (IPCC, 2019). De los 118 países que reciben apoyo de la Promesa Climática del PNUD, más de 50 están adoptando medidas para integrar o aumentar el rol del sector forestal y de uso del suelo en la actualización de sus contribuciones determinadas a nivel nacional con antelación a la COP26. Con ello se reconoce el potencial sustancial del sector para incrementar la ambición general con respecto al clima.

La respuesta al desafío de la crisis climática y la recuperación de la COVID-19 no puede darse de forma aislada (¡a la cual hemos contribuido enormemente este año!). Solo si trabajamos juntos —a través de alianzas innovadoras y de amplio alcance que capitalicen la conjunción de fuerzas de los Gobiernos, la sociedad civil, los organismos de la ONU y el sector privado— podremos alcanzar la magnitud de la acción y las finanzas comprometidas que se hacen tan necesarias.

La Declaración de Nueva York sobre los Bosques congrega a 50 Gobiernos, más de las 50 mayores compañías del mundo, y más de las 50 organizaciones indígenas y de la sociedad civil más influyentes, que se comprometieron con diez metas ambiciosas relacionadas con la protección y la restauración de los bosques para detener la deforestación de aquí a 2030. De lograrse, este compromiso de múltiples partes interesadas reducirá drásticamente las emisiones derivadas de la deforestación, restaurará 350 millones de hectáreas de bosques degradados y podría disminuir entre 4.500 millones y 8.800 millones de toneladas de contaminación por carbono anualmente.

Con el desafío histórico de la recuperación socioeconómica de la pandemia por delante, el Secretario General António Guterres está instando a los países a “recuperarnos mejor desde la unidad” y a aprovechar la oportunidad no simplemente de recomponer la economía mundial, sino de transformarla de tal modo que sea más sostenible, más igualitaria y más resiliente para que todas las personas disfruten de la vida con dignidad en un planeta saludable.

Con ello en mente, que el 2021 sea el año en el que aprovechemos todo el potencial de los bosques, para el planeta y para las personas.

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