Foto: Mónica Suarez Galindo / PNUD Perú

 


En la primera mitad de 2021, se estableció una Coalición de Acción Feminista por la Justicia Climática como parte del Plan de Aceleración Global para la Igualdad de Género del Foro Generación Igualdad definido en París. A medida que los países presentan las actualizaciones de sus Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC) y se preparan para definir nuevos objetivos climáticos y de biodiversidad, esta segunda mitad de 2021 es el momento adecuado para reflexionar sobre el progreso y los desafíos pendientes para promover de manera efectiva la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Esta reflexión no puede posponerse y debe realizarse en los más altos niveles políticos de América Latina y el Caribe, pues vivimos un momento único en el que nos enfrentamos a una triple crisis sin precedentes provocada por la COVID-19, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Está ocurriendo en una región donde ya observamos una alta desigualdad y un bajo crecimiento, y que está experimentando una contracción del 7,7% de su economía y un retroceso en la reducción de la pobreza y el tratamiento de las desigualdades.

El Informe sobre el Desarrollo Humano 2020 destaca que el desequilibrio global y social presenta desafíos interrelacionados que se agravan entre sí. Por lo tanto, estamos en un punto de inflexión como región donde debemos preguntarnos: ¿qué se necesita para finalmente considerar políticas que puedan transformar los sistemas productivos, económicos, sociales y ambientales que nos han traído hasta este lugar? Cambiar esta trayectoria requiere una gran transformación en la forma en que vivimos, trabajamos y cooperamos, así como acelerar soluciones reales que nos acerquen a un modelo de desarrollo basado en los derechos humanos y la sustentabilidad, donde los elementos sociales, ambientales y económicos no sean vistos como compromisos separados sino complementarios.

América Latina ha realizado un cambio importante en sus políticas e iniciativas ambientales y climáticas. Los datos preliminares del PNUD muestran que las 17 NDC presentadas a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático incluyen consideraciones de género, 11 de ellas promueven la igualdad de género de una manera más integral y ocho incluyen metas climáticas sensibles a las políticas de género.

Algunas iniciativas ambientales innovadoras a nivel local han comenzado a transformar la forma en que promueven la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. En Costa Rica, el Programa Más Mujer Más Natura promueve oportunidades de financiamiento ambiental para mitigar el impacto de la COVID-19. En Ecuador, el Programa Nacional para el Manejo Adecuado de Sustancias Químicas reconoce el trabajo de las mujeres y brinda oportunidades de trabajo decente para las estas en el sector minero; y Panamá ha comenzado a desarrollar su Plan Nacional de Género y Cambio Climático, que alinea los compromisos climáticos del país con acciones de género. Estos nos muestran de manera inequívoca que la promoción de la igualdad de género no es un tema simplemente agregado, sino un componente esencial para lograr los objetivos ambientales.

Esperamos que estas reflexiones no solo se enfoquen en los avances, sino que a partir de ellos podamos identificar de manera armonizada las brechas, desafíos y prioridades. De esta manera, definiremos los pasos necesarios para que las agendas de desarrollo incluyan medidas transformadoras de género que nos permitan vivir en equilibrio con el planeta y en un mundo más justo. Debemos recordar que la igualdad de género es sinónimo de cambio y el catalizador que nos permitirá diseñar estrategias de intervención más integrales y multidimensionales que ofrezcan oportunidades sociales y ambientales genuinamente transformadoras.


 

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