Foto: PNUD Benín

 

Este blog ha sido co-escrito por Liu Zhenmin, Subsecretario General de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas; Achim Steiner, Administrador del PNUD y Copresidente de ONU-Energía; Damilola Ogunbiyi, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Energía Sostenible para Todos y Copresidenta de ONU-Energía. 



La revolución industrial duró 100 años. La revolución digital, dos décadas. La próxima revolución global, la revolución energética, ya ha comenzado. Pero, ¿se hará a tiempo y de manera justa y equitativa? Este es el mayor desafío de nuestra generación.
 

El sector de la energía, dominado por los combustibles fósiles, representa el 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre. Se necesita urgentemente una transición energética hacia una energía más renovable y eficiente para reducir las emisiones que están calentando rápidamente nuestro planeta.
 

Las temperaturas globales ya están 1.2 °C por encima de los niveles preindustriales y están provocando fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos. Cerca de mil ciudades enfrentarán olas de calor severas y regulares en menos de 30 años.
 

El clima extremo vinculado al ambiente aumenta la frecuencia y la gravedad de inundaciones devastadoras, sequías e incendios forestales, lo que provoca el desplazamiento de la población, la pérdida de vidas y medios de vida.
 

Esta transformación energética global puede y debe incluir el acceso universal a la energía, lo que abrirá nuevas e increíbles oportunidades y ayudará a poner fin a profundas desigualdades.

Es casi increíble que 759 millones de personas en el mundo todavía carezcan de electricidad y de todas las oportunidades que esta ofrece. Y es simplemente inaceptable que 2.600 millones de personas no cuenten con tecnología y combustibles limpios para cocinar, iluminar o calentar sus hogares.

La energía limpia tiene el potencial de brindar acceso universal a la energía de una manera segura e impulsa el desarrollo económico para todos, desde innovaciones en cocinas limpias y bombas de agua con energía solar, hasta nuevos modelos comerciales para la electrificación fuera de la red y baterías de energía renovable.

Permite el acceso a servicios vitales como la banda ancha asequible, el sistema nervioso central de la economía moderna, creando nuevas oportunidades de empleo, reduciendo la pobreza y mejorando los medios de vida.

Transforma vidas, especialmente en regiones como el África subsahariana, donde la mitad de las escuelas secundarias y el 60% de los establecimientos de salud no tienen electricidad. Reduce la cifra de cerca de cuatro millones de muertes cada año debido a los vapores tóxicos de estufas o fuegos abiertos.

A medida que los gobiernos empiezan a definir una vía para salir de la crisis de la COVID-19, debemos asegurarnos de que todos los países tengan la oportunidad de ser parte de una transición energética que ponga al mundo en el camino correcto para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y cumplir las metas del Acuerdo de París, mejorando significativamente el bienestar de todas las personas y el de nuestro planeta.

Esta no será una tarea fácil. Para garantizar una transición justa, debemos ayudar a las comunidades a adaptarse a una economía verde a través de la protección social y nuevas habilidades, asegurando que todos los que necesitan estén equipados para aprovechar los 30 millones de nuevos empleos verdes que se esperan para 2030. Las Naciones Unidas también están ofreciendo un poderoso nivel de apoyo para garantizar que los países en desarrollo participen plenamente en una recuperación global, verde y justa.

La Promesa Climática del PNUD está apoyando a 118 países a mejorar sus compromisos climáticos. Una parte relevante de este apoyo está ayudando a los países a implementar una transición justa hacia energías limpias y renovables que impulsará las economías y creará nuevos empleos y medios de vida.

Los puntos de inflexión de la transición energética ya están aquí. El costo de las energías renovables continúa cayendo. La opinión pública que respalda la descarbonización sigue aumentando. Las instituciones financieras y el sector privado están comenzando a abandonar los combustibles fósiles.

Y una serie de sentencias y decisiones legales innovadoras este mes marcan un punto de inflexión en las consecuencias financieras y legales que esperan a las empresas de combustibles fósiles y a cualquier otra empresa que no actúe con rapidez para asumir la responsabilidad de su papel en la prevención de una catástrofe climática.

Para respaldar la aceleración del impulso de esta transición, el Secretario General de las Naciones Unidas está convocando el primer Diálogo de alto nivel sobre energía en 40 años en septiembre de 2021. El evento histórico ofrecerá un escenario mundial para que los países atraigan nuevas inversiones y forjen nuevas asociaciones para impulsar la revolución energética.

Mientras tanto, durante el periodo previo, las Naciones Unidas están pidiendo planes cuantificables de gobiernos, empresas y organizaciones para promover la energía sostenible para todos. Conocidos como "pactos energéticos", pueden ser planes de países para eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles, planes de ciudades para volverse más ecológicos o planes de empresas para descarbonizar sus actividades.

Instamos a los gobiernos, las empresas y la sociedad civil a estar a la vanguardia de esta revolución energética comprometiéndose con un Pacto Energético. Juntos podemos construir una economía verde global que no deje a nadie atrás. Únete a nosotros.

Este blog se publicó originalmente aquí (en inglés).

 

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