En el norte de Camerún, el PNUD apoya la cohesión social entre los refugiados y las comunidades de acogida a través de jóvenes embajadores de la paz. "Quiero establecer conversaciones de paz y educativas en nuestro vecindario para resolver conflictos", dijo Boukar Lougoumana, de 23 años, (segundo desde la izquierda).


Nueva York, 25 de junio de 2021 - La refugiada Adjida Fauzia no tiene más que elogios para sus vecinos en una pequeña aldea en la zona septentrional del Camerún. “No tenemos cómo agradecerles los sacrificios que han hecho”, dice.

Fauzia es una de los 116 000 nigerianos que en años recientes han debido huir de sus hogares para escapar de la violenta insurgencia en su país, y una de los aproximadamente 421 000 refugiados que alberga el Camerún. Cruzó la frontera en 2018. Pese a vivir en una de las zonas más pobres del país, los lugareños acogieron a estos desplazados por la lucha y les dieron tierras para cultivar al lado de las suyas.

El proyecto de redistribución de tierras, que ha sido coordinado con el apoyo del PNUD y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el organismo de las Naciones Unidas para los refugiados, ha fortalecido los vínculos entre las comunidades anfitrionas y los refugiados. Es el típico proyecto que resulta de la cooperación entre dos organismos, y también incluye la construcción de refugios, la provisión de capacitación en agricultura, la creación de puestos de trabajo, iniciativas de consolidación de la paz y actividades de mediación. “Hemos crecido juntos”, señala Fauzia.

Una asociación de seis decenios

El Camerún es uno de los más de 30 países donde el PNUD y el ACNUR trabajan junto a los gobiernos para velar por que los refugiados, las personas que solicitan asilo, los desplazados internos y las comunidades anfitrionas se beneficien por igual de los avances en materia de desarrollo. Ante situaciones de emergencia, la adopción rápida de medidas humanitarias es clave para salvar vidas. Pero cuando los desplazados no pueden moverse libremente o acceder al mercado laboral formal, y cuando ellos y sus hijos no acceden a una educación apropiada o a oportunidades de capacitación, es imposible romper el ciclo de pobreza y de dependencia de la ayuda. Asimismo, existe el riesgo de que en las comunidades que reciben un número elevado de desplazados estallen conflictos y se agrave la inestabilidad.

Hace 60 años que el PNUD y el ACNUR trabajan juntos en lugares como el Afganistán, los Grandes Lagos de África, el Irán, México, el Pakistán y Siria. En 2020 el número total de desplazados a nivel mundial alcanzó los 89 millones. Es el mayor número desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Con el aumento de las necesidades, la presión para que las actividades sean más específicas y eficaces y estén mejor vinculadas entre sí también ha aumentado. La asociación se reforzó en 2017 con la presentación de un programa para ayudar a los gobiernos a incluir a los refugiados en sus planes y programas en materia de gobernanza, Estado de derecho, acceso a la justicia, consolidación de la paz, medios de vida y preparación.

Hacia un cambio en el paradigma

El conflicto en Siria ha obligado a millones de personas a huir de sus hogares y viajar a Egipto, el Iraq, Jordania, el Líbano y Turquía, en una travesía a menudo peligrosa. Desde 2015, el PNUD y el ACNUR vienen aplicando un plan regional para atender a los refugiados de la crisis en Siria. Hasta ahora, el programa ha permitido brindar asistencia en efectivo a medio millón de personas, se ha ayudado a 44 000 a encontrar un empleo, y se han emitido más de 76 000 permisos de trabajo para ciudadanos sirios en Jordania.

Sene Abuhammed es una de los 3,6 millones de refugiados sirios en Turquía. Gracias al PNUD y al ACNUR, ha aprendido a cultivar hortalizas y encontró un empleo en el sector agrícola. Hace poco alquiló un terreno y comenzó a vender hortalizas. “Turquía ha llegado a ser nuestro hogar, y nos ha permitido ganarnos la vida”, dijo.

Juntos nos curamos, aprendemos y brillamos

En la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se advierte que “los desplazamientos forzados de la población amenazan con anular muchos de los avances logrados en materia de desarrollo durante los últimos decenios”. La crisis en Colombia, la República Democrática del Congo, Myanmar, Sudán del Sur, Siria, Ucrania y Venezuela han obligado a millones de personas a abandonar sus hogares. Revertir esas tendencias exigirá más inversiones, o corremos el riesgo de enfrentarnos a otro decenio de desplazamientos nuevos y prolongados.

El tema del Día Mundial de los Refugiados este 20 de junio es “Juntos nos curamos, aprendemos y brillamos”. El PNUD y el ACNUR tienen la intención de ampliar sus programas conjuntos en las esferas humanitaria, del desarrollo y de la paz en beneficio de los refugiados, los desplazados internos y las comunidades anfitrionas de todo el mundo. Estamos convencidos de que con las políticas y el apoyo adecuados, las personas que han sido desplazadas por la fuerza pueden mejorar su bienestar, prosperar y hacer aportes vitales al desarrollo de las comunidades anfitrionas.

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