Al conmemorar el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, la humanidad se encuentra en una encrucijada. Las decisiones del ser humano, determinadas por los valores y las instituciones, han dado lugar a los desequilibrios sociales y planetarios interconectados que afrontamos hoy en día. La pobreza extrema está aumentando por primera vez en una generación. Solo en 2020, hasta 100 millones de personas cayeron en la pobreza debido a la pandemia. Más allá de los ingresos, las personas experimentan distintos tipos simultáneos de pobreza en su vida diaria: 1 de cada 3 niños y niñas de todo el mundo quedó excluido de la educación a distancia cuando, por ejemplo, se cerraron las escuelas como consecuencia de la pandemia de COVID-19. Sorprendentemente, el Índice global de Pobreza Multidimensional de 2021 revela que alrededor de dos tercios de la población en situación de pobreza multidimensional viven en hogares en los que no hay ninguna mujer o niña con, al menos, seis años de escolarización completa.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus socios han estado al frente de los esfuerzos encaminados a asistir a las personas más pobres del mundo durante la pandemia. Esto incluye a los 1600 millones de trabajadoras y trabajadores informales en todo el mundo, entre ellos, las vendedoras y vendedores ambulantes, el personal doméstico y las personas dedicadas a la agricultura de subsistencia. Tienen empleos que se consideran vulnerables, con salarios bajos o condiciones inseguras y, por lo general, con acceso limitado o nulo a la protección social. De Honduras a Nigeria, el PNUD ayudó a los países a poner en marcha programas de transferencia electrónica de efectivo, que ofrecieron un recurso vital para millones de personas que estaban encerradas en sus hogares durante el confinamiento. Las desigualdades también se profundizaron en gran medida como consecuencia del virus, en particular, cuando se trata de la igualdad en cuanto a la distribución de las vacunas.

La inestabilidad y los conflictos amenazan con empujar rápidamente a millones de personas a la pobreza. A mediados de 2022, Afganistán podría afrontar una pobreza casi universal, en otras palabras, el 97 % de la población viviría bajo el umbral de la pobreza. Por consiguiente, la ONU ha asumido el claro compromiso de permanecer y prestar sus servicios en países como Afganistán. Se prevé que, en 2030, hasta dos tercios de las personas sumidas en la pobreza extrema en todo el mundo vivirán en situaciones frágiles y afectadas por conflictos. Además, las personas que viven en la pobreza son las más afectadas por el cambio climático y, a menudo, no cuentan con los recursos necesarios para adaptarse a este fenómeno. Las personas que viven en la pobreza son las más afectadas por el cambio climático. Esfuerzos como la Promesa Climática del PNUD son vitales: estamos ayudando a 120 países a reducir las emisiones, lo que a su vez aumenta la resiliencia de las comunidades vulnerables.

El Plan Estratégico 2022-2025 del PNUD detalla nuestra promesa audaz de ayudar a 100 millones de personas a escapar de la pobreza multidimensional. Y aumentar el acceso a las energías renovables será una acción fundamental para luchar contra la pobreza, dado que permitirá crear empleos y medios de subsistencia dignos y ecológicos, al mismo tiempo que se reducirán las emisiones de dióxido de carbono. Por lo tanto, el PNUD se compromete a trabajar con nuestros socios para que otras 500 millones de personas tengan acceso a energía limpia y asequible en 2025. Estas contribuciones representan tan solo una fracción de los esfuerzos que realiza la Organización de las Naciones Unidas en todo el planeta con el objetivo de ayudar a las comunidades a construir un futuro mejor a partir de esta devastadora pandemia, así como a erradicar la pobreza y forjar un futuro que conciliará las necesidades de las personas y el planeta. 

 

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